Las Calles de la Plaza

Por Tomás González Patiño. Hoy revolviendo el baúl de mis recuerdos y cabalgando sobre mi memoria, por el “Caminito de Guarenas” me trasladé a mi pueblo, la Guarenas de mi infancia. Después de haber traspasado la densa niebla del tiempo, comencé a recorrer las calles de la Plaza Bolívar y en su paso, a describir lo que de ellas aún se mantiene en mi memoria, todo naturalmente mediatizado por la imprecisión que genera la lejanía en el tiempo.

Era la segunda mitad de la década de los cuarenta del siglo veinte, momentos en que yo era un niño cuya edad podía ser escrita con un sólo dígito. De aquel momento, varias de las casas circundantes como guardianes de la Plaza Bolívar, aunque con algunas modificaciones, firmes hoy, todavía se mantienen. Otras, quizás las menos, desaparecieron definitivamente.

Iglesia Nuestra Señora de Copacabana, Guarenas, Año 1948
Iglesia Nuestra Señora de Copacabana, Guarenas, Año 1948. Fotografía restaurada y coloreada digitalmente por Campanario Urbano.

Bueno, comenzando mi paseo, lo primero que se presentó ante mi vista, fue la Iglesia Nuestra Señora de Copacabana. Su fachada principal mostraba tres puertas con sendas ventanas en su nivel superior. Todo, puertas y ventanas miraban hacia la Plaza e indicaban la existencia de las tres naves que integran al templo; la del Santísimo, la Principal y la de San José. Cabe destacar que en esa época, mucho antes de realizarse las remodelaciones que le dan la actual fisonomía, tenía además dos puertas laterales, una hacia la calle Régulo Fránquiz y la otra hacia la calle Comercio, hoy Paseo Maestro Antonio María Piñate.

Segmento de la antigua calle Real de Guarenas, hoy Boulevard. Fotografía del año 2010.
Segmento de la antigua calle Real de Guarenas, hoy Boulevard Antonio María Piñate. Fotografía del año 2010.

Al escribir el nombre del Maestro me es obligatorio expresar el agradecimiento y admiración que por él siento. Fue mi maestro, al igual que lo fue para tantos niños y jóvenes. Dejó una estela de bondad y supo inculcar entre nosotros, la disciplina y el recto proceder. Seguro, hoy ocupa uno de los primeros puestos con que Dios premia a los hombres como él.

Maestro Antonio María Piñate (01/11/1898 – 06/01/1980)

Volviendo al tema de la Iglesia, encima de su fachada principal y hacia su esquina Sur, estaba el campanario, modesta estructura de cuatro columnas y un techo, que si no recuerdo mal, era de láminas metálicas y que conjuntamente con todos los elementos que integraban a la edificación, eran de simplicidad acorde con un estilo colonial. Posteriormente, esta unidad simple si se quiere, fue desplazada por otra de mayor tamaño y características superiores que mucho tiempo después, quizás por los años cincuenta, también fue sustituida para construirse el campanario actual, que todos conocemos. Es decir, a través de la historia la Iglesia ha tenido tres campanarios, bueno cuatro, contando el que acertadamente dirige mi amigo Pablo Marcial Muro, a quien, conjuntamente con su equipo, felicito por tan brillante y oportuna iniciativa.

Construcción de la torre del campanario de la hoy Catedral Nuestra Señora de Copacabana de Guarenas, año 1959.
Construcción de la torre del campanario de la hoy Catedral Nuestra Señora de Copacabana de Guarenas, año 1959. Fotografía restaurada y coloreada digitalmente por Campanario Urbano.

Continuando la caminata, ya en la calle Régulo Fránquiz, lado Norte de la plaza, comencé con el bar Michoacán, local de tres puertas y un patio trasero a un nivel más bajo, dado lo quebrado del terreno. Estaba situado en el extremo Este de la cuadra. Seguidamente estaba la casa residencia de Rafael Montilla, hombre respetable, poseedor de conocimientos jurídicos a quien los parroquianos acudían para despejar dudas en esa materia. Ejercía algo así como los primeros auxilios, en materia legal.

Casona Familia Montilla, calle Régulo Fránquiz
Casona Familia Montilla, calle Régulo Fránquiz

Al lado de esta casa y siguiendo la dirección Oeste, estaba la casa habitada por las hermanas Belén y Ludovina Carvallo. Mujeres amantes de los perros, los cuales, casi siempre y conjuntamente con ellas, se asomaban a las ventanas. Al lado, y siguiendo la misma dirección, había un pequeño local con una pulpería, la cual era atendida por Lorenzo Ramírez, hombre de gruesa contextura, quien siempre permanecía sentado sobre un taburete en el umbral de una de las puertas del local. Recuerdo de él, que para pasar al lado interno del mostrador, se sentaba sobre dicho mueble y giraba hasta lograr el objetivo. Las tablas que integraban aquel armatoste se cimbraban, amenazando su ruptura durante aquella operación.

Plaza Bolívar de Guarenas, calle Régulo Fránquiz, año 1938
Plaza Bolívar de Guarenas, calle Régulo Fránquiz, año 1938

En aquella época los abastos, que llamábamos pulpería, eran servidos por una persona a quien se llamaba el pulpero y era el encargado de entregar al cliente, el producto solicitado. O sea, el cliente no tenía acceso directo al producto, como lo es ahora en los supermercados.

Carnavales de la Guarenas de antaño en la calle Régulo Fránquiz, frente a la Plaza Bolívar, década de 1920. Al fondo, esquina de la calle Bolívar. Fotografía restaurada y coloreada digitalmente por Campanario Urbano.
Carnavales de la Guarenas de antaño en la calle Régulo Fránquiz, frente a la Plaza Bolívar, década de 1920. Al fondo, esquina de la calle Bolívar donde décadas después estaría el Botiquín Bartolo.. Fotografía restaurada y coloreada digitalmente por Campanario Urbano.

Esta calle Régulo Fránquiz era parte de la única carretera que unía a Caracas con Guatire. Más o menos en la mitad de la cuadra, estaba la parada de los autobuses que cubrían esa ruta. En esos momentos lo hacía “El Amigo del Pueblo” línea que tenía su sede en la vecina población de Guatire y probablemente contaba con pocas unidades de transporte. Realizaban unos tres o cuatro viajes diariamente entre Guatire y Caracas y su pase por Guarenas, lo era a una hora determinada. Los autobuses eran pequeños, angostos, de techo abovedado y sin protección en sus puertas. Además del conductor, también lo tripulaba el “colector” persona encargada de cobrar el monto del pasaje, que creo recordar, era de Bs. dos, para ir de Guarenas hacia Caracas.

Plaza Bolívar de Guarenas, año 1959, viaje de fin de semana organizado por el Maestro Antonio María Piñate, en un bus de la línea “Amigo del Pueblo”. Estudiantes de izquierda a derecha: Antonio Castillo, Dámaso Acosta, Pablo Muro, Marino Di Gregorio, Pedro González, entre otros. Conductor del bus, de gorra, el Señor Ferro.
Plaza Bolívar de Guarenas, año 1959, viaje de fin de semana organizado por el Maestro Antonio María Piñate, en un bus de la línea “Amigo del Pueblo”. Estudiantes de izquierda a derecha: Antonio Castillo, Dámaso Acosta, Pablo Muro, Marino Di Gregorio, Pedro González, entre otros. Conductor del bus, de gorra, el Señor Ferro.

Siguiendo el recorrido, llegué a la esquina donde estaba el botiquín de Ochoa, conocido también como Bartolo. Inmueble de tres puertas. Dos daban hacia la Plaza y una hacia la calle lateral. Además tenía una ventana, también hacia la calle principal, por donde algunas veces los niños, desde el exterior, parados sobre la acera, presenciábamos las partidas de billar, que algunos de los asistentes al local, desarrollaban.

Este bar, entre los situados alrededor de la Plaza, era el único que tenía una rockola. Ésta reproducía varias canciones, cosa que hacía casi ininterrumpidamente durante todo el día. Recuerdo a “La Múcura” una de las que más sonaba, aparentemente entre las preferidas por los asistentes al local. No faltaban las mejicanas que indicaban el despecho de alguno de los clientes del bar. Siguiendo en la misma dirección y calle en medio, estaba la bodega de Rafael Pereira, persona para mí, de grata recordación.

Calle prima norte del Pueblo Arriba de Guarenas bordeando su plaza, año 1900. Cinco años más tarde, sería bautizada como Plaza Bolívar. En 1940, esta calle sería nombrada Régulo Fránquiz.
Calle prima norte del Pueblo Arriba de Guarenas bordeando su plaza, año 1900. Cinco años más tarde, sería bautizada como Plaza Bolívar. En 1940, esta calle sería nombrada Régulo Fránquiz. A la izquierda se observa la esquina de la calle Bolívar donde décadas después estaría el Botiquín Bartolo. Fotografía restaurada y coloreada digitalmente por Campanario Urbano.

Atravesando la calle por donde venía y ya en dirección hacia El Calvario, siguiendo la calle Bolívar, estaba en la esquina el botiquín, cuyo nombre no recuerdo, atendido por su propietario, Isidoro González, personaje a quien yo observaba con mucho respeto por su seriedad. Hacía gala de gran sentido del fino humor que expresaba sin abandonar su estilo adusto en el lenguaje. Colindando con este local, había otro pequeño del que no recuerdo el uso y luego, más arriba, el inmueble que llamábamos La Gerencia. En él funcionaba la sede administrativa local de La Electricidad de Caracas.

Atavíos utilizados en la Guarenas de antaño. Plaza Bolívar, año 1949. Al fondo, la calle Bolívar.
Plaza Bolívar, año 1949. Al fondo, la calle Bolívar.

No olvidemos que esa Empresa operaba en Curupao una planta hidroeléctrica que surtía a la población de Guarenas y además, supuestamente exportaba su producto a Caracas y Guatire.

Planta Eléctrica Curupao
Planta Eléctrica Curupao

El gerente de aquella oficina era Augusto Barrios, hombre circunspecto y quien parecía muy cuidadoso al seleccionar sus amistades. Colindando se encontraba otra casa donde, con su familia, vivía Encarnación Toro, hombre de temperamento alegre y que conjuntamente con Rufino González y Luis Caraballo, conformaban el equipo de técnicos más conocido, que prestaba sus servicios a esa Empresa.

Planta Eléctrica Curupao, década 1990
Planta Eléctrica Curupao, década 1990

Después estaba lo que llamábamos El Depósito, terreno donde había un pequeño galpón que era utilizado por la misma Empresa eléctrica. La pared que lo guardaba era amplia y de color blanco, la cual periódicamente servía de pantalla para la proyección de las películas educativas que los Ministerios de Educación, Sanidad y Agricultura; enviaban a los pueblos.

Para mí aquella campaña cinematográfica era un espectáculo maravilloso y todos los que recibíamos tan extraordinario obsequio, lo llamábamos “Cine Gratis

Al lado estaba una casa muy pequeña que era habitada por Francisco Delfín y Josefa García, personas muy estimadas en la población. Con ellos permanecía mucho tiempo, la niña Josefina García Álvarez, sobrina de los dueños de casa.

Josefa “Mimina” García en Curupao, década 1950.

Ya, situado en lo que era la calle principal de la plaza (lado Sur), comencé por la casa de la esquina habitada por los hermanos Alvarado; Clemencia, Soledad, Luis y Miguelina, personas que formaban parte de la gran familia que era la Guarenas de aquella época. Mucho tiempo después, este inmueble fue utilizado por El Concejo Municipal y posteriormente demolido. Siguiendo en dirección Este, al lado estaba la casa de la señora Oropeza, mujer muy activa cuyo nombre no recuerdo. Allí tenía su residencia y además, albergaba pensionistas, todos muy selectos, entre los cuales recuerdo a la maestra María Salvadora Gabus (no sé si es correcta la escritura de su apellido), persona de grata recordación por su actuación educadora durante varios años en mi Escuela Ambrosio Plaza. Seguidamente y colindante, existía otra casa cuyo uso no recuerdo y más adelante, al lado, la casa de Gobierno.

Este inmueble como casi todos los del sector, era de arquitectura semi- colonial. En él funcionaban la Jefatura Civil, el Concejo Municipal, la Administración de Rentas y el Cuartel de Policía, que hasta calabozos tenía. La policía, en aquellos momentos iniciales, estaba integrada, por sólo tres o cuatro funcionarios, cantidad suficiente para custodiar a la población entera. Esta casa posteriormente fue demolida para dar paso a la que hoy conocemos.

Esquina calles Ambrosio Plaza y Comercio, en la Plaza Bolívar de Guarenas.
Antiguo inicio de la calle Comercio, bordeando el lateral sur de la Plaza Bolívar, década 1940. Al fondo la calle Ambrosio Plaza.

Siguiendo en la misma dirección, al lado de la casa de gobierno, estaba la sede de la Compañía de Teléfonos, regentada por la María Teresa Lima quien, además de atender las obligaciones correspondientes a su trabajo, tenía allí su residencia.

Por último, atravesando la Calle Ambrosio Plaza, llegué a donde inicié el recorrido, allí, y antes de la Iglesia, había un reducido local de una sóla puerta, donde funcionaba una pequeña pulpería que proveía solamente los productos de indispensable consumo. Este local formaba parte del inmueble ocupado por la Botillería Plaza, bar que estaba dotado de tres puertas, dos de las cuales miraban hacia la Plaza y la otra hacia la calle lateral. Ambos locales se comunicaban internamente y eran atendidos por su propietario, Epifanio García Fuentes, hombre ordenado y de aspecto conservador.

Esquina de las calles Ambrosio Plaza y Real, frente a la Plaza Bolívar de Guarenas, década de 1940. La calle Ambrosio Plaza podría considerarse una calle prima de Guarenas.
Esquina de las calles Ambrosio Plaza y Real, frente a la Plaza Bolívar de Guarenas, década de 1940.

Nótese que alrededor de la plaza habían cuatro botiquines; El Michoacán, Bartolo, el de Isidoro y Botillería Plaza, y sin embargo, no existían mayores inconvenientes que requirieran la intervención policial.

Bueno así termina mi viaje en el tiempo por aquellas calles de la Guarenas que viví y que como todo pasado, no volverá. Ahora ya situado en nuestro tiempo, no puedo negar que haber removido estos recuerdos me hicieron sentir una inmensa soledad y una profunda tristeza. Muchos fueron los juegos, las correrías, las aventuras infantiles y las de mi inicial adolescencia, que compartí con compañeros coetáneos que hoy se alejan por los misteriosos caminos de la eternidad. De aquella etapa sólo me queda el recuerdo. Pido a Dios que los admita en su seno y a la vez, que algún día nos agrupe nuevamente, para que en los patios celestiales, reanudemos los juegos que por jugarreta del destino, quedaron inconclusos.

Ya enfrentado a la inexorable realidad y contemplando hoy el mismo escenario donde se desarrollaron aquellos ya lejanos tiempos de mi infancia, puedo decir que de esa época sólo queda el mismo Cielo y también la misma Tierra, pero no las mismas casas ni tampoco la misma gente.