La imagen de Jesús en la Columna nos conduce a uno de los pasajes más sobrecogedores de la Pasión de Cristo: aquel instante en que, pese a su inocencia, fue entregado por Poncio Pilato a los soldados romanos, atado y flagelado en el pretorio, expuesto ante la multitud sin más defensa que su entrega absoluta al Padre. Es la iconografía del Cristo cautivo, que asume el dolor como expiación por los pecados de la humanidad, y que nos invita a contemplar la grandeza de un amor que se ofrece sin reservas.
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