En Guarenas, la noche del 23 de junio no conoce el silencio. El aire se llena de tambores y voces que parecen salir de otros siglos, reviviendo el eco de las haciendas de trapiche, donde los esclavos danzaban bajo el manto cálido de la noche. Es la víspera de San Juan Bautista, y en Guarenas, la devoción tiene ritmo: Fulía, tambor y promesa.
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