Los Funerales

A principios del siglo XX, Guarenas no contaba con servicios funerarios. Solo se encontraba al frente de estos menesteres algún carpintero que elaboraba los ataúdes.

Uno de estos carpinteros fue el señor Efraín Carballo, quién tenía su establecimiento ubicado en la calle Andrés Bello. Otro carpintero fue el señor Silvestre Salcedo, cuyo comercio estuvo ubicado en la calle Venezuela. También se dedicaron a este mismo oficio   los hermanos Carlos y Wenceslao Lovera, quienes laboraban en su establecimiento cercano a la esquina del “Espíritu Santo”, lugar donde está ubicado actualmente el Conjunto Residencial Alef.

En las fotografías de esta publicación podemos notar la solemnidad y gran respeto que se manifestaban en el momento de las exequias. Todos los acompañantes vestían trajes de colores sobrios, así como también el tradicional eslat, un traje de color blanco muy usado en la época. Muchas veces los hombres eran los únicos que acompañaban al féretro al templo parroquial.

La fotografía principal muestra un cortejo fúnebre en la calle comercio de Guarenas en el año 1920. Al fondo se observa la calle Régulo Fránquiz o bajada de Los Almendrones.

Las campanas doblaban por el ser fallecido. El sacerdote y los monaguillos vestían sotanas negras, dando inicio a la ceremonia del responso funerario. El sacerdote expresaba su sentimiento de pesar a los familiares y amigos, e invitaba a los presentes a imitar las bondades y virtudes del fallecido.

Cortejo fúnebre en la calle Ambrosio Plaza de Guarenas, año 1952. Iglesia Nuestra Señora de Copacabana.
Cortejo fúnebre en la calle Ambrosio Plaza de Guarenas, año 1952. Iglesia Nuestra Señora de Copacabana

El cortejo partía desde el Pueblo Arriba, caminando por las calles Régulo Fránquiz (bajada de Los Almendrones), Comercio y Dr. Francisco R. García, hasta llegar al Cementerio Municipal de Las Clavellinas, siendo un recorrido de aproximadamente 1.2 kilómetros.

Mientras el cortejo avanzaba, se notaba el cierre temporal de las puertas de comercios como muestra de respeto. El cortejo fúnebre era una característica procesión, de marcha lenta y un pronunciado vaivén del féretro antes de ingresar al templo o al cementerio.

El velatorio se realizaba en la casa del difunto. Ahí se ofrecían rosarios y en la noche se brindaba a los asistentes chocolate caliente, café, pan, galletas y queso. La invitación al sepelio se transmitía a través de volantes que se entregaban de casa en casa en todo el poblado.

Posterior al entierro, los parientes guardaban luto: Los hombres con una faja negra pegada al brazo izquierdo y las mujeres vestían de negro de pies a cabeza.

Faja negra en el brazo izquierdo, como señal de luto
Faja negra en el brazo izquierdo como señal de luto

Al concluir las exequias se invitaba a los presentes para el rezo del novenario.