La Guarenas de antaño despertaba con un encanto irrepetible: el canto del gallo, el aroma del café recién colado y el murmullo de las calles, aún somnolientas, tejía un escenario de sencillez y plenitud. Cada esquina era un refugio de historias y cada paso un encuentro con la memoria viva del pueblo. Y había una especial, la esquina del mono de Guarenas.
En las mañanas sabatinas, los pueblerinos recorrían las calles como quien explora un territorio sagrado, encontrando la botica, la pulpería, la tienda de driles, pero sobre todo, hallando tertulias espontáneas que cubrían cada rincón de Guarenas con un halo de distinción y sobria elegancia.

Sin embargo, había un rincón en la llanada del pueblo donde ese comportamiento moderado se transformaba en picardía. Allí, en la esquina de las calles Francisco Rafael García y Urdaneta, se levantaba la Pulpería de Chaco, propiedad de Juan Fermín Mendoza. Era un lugar que atraía miradas y despertaba risas, donde los muchachos se congregaban en torno a un espectáculo insólito.
Pero ¿Qué provocaba tanta algarabía y curiosidad en aquel local comercial?
Cuando Chaco Mendoza abría su pulpería ocurría la revelación: una jaula en la entrada, y dentro de ella, el protagonista esperado. Un pequeño y travieso mono, dueño de la atención y del bullicio.

El mono de Chaco era célebre por algo muy particular, algo que iba más allá de sus saltos y piruetas. Su fama provenía de un rasgo insólito, un capricho que trascendía sus monerías. Aquel pequeño socayo tenía un evidente gusto por las muchachas guareneras.
Cuando alguna dama desprevenida cruzaba frente a la pulpería, el animal se arrebataba con un júbilo repentino, brincando con frenesí, lanzando chillidos que resonaban por toda la cuadra.

Se volvió costumbre que las muchachas se congregaran frente a la pulpería de Chaco, ansiosas por descubrir a quién de ellas elegiría el mono. Con un gesto travieso y diminuto, el habitantillo revelaba su predilección, provocando risas y asombro entre los espectadores.
De esta manera, el mono de Chaco se convertía en un juez pícaro de la belleza juvenil guarenera.
Con el tiempo, Juan Fermín falleció y la pulpería cerró sus puertas. Aquella esquina jamás volvió a ser la misma. Ese rincón, donde la risa y la picardía rompían por un instante la vida sobria del pueblo, quedó suspendido en la memoria.

Del inquieto mono de Chaco no se supo más con certeza. Por un tiempo estuvo al cuidado de una familia, hasta que su espíritu indómito no toleró la vida doméstica. Se dice que fue dejado en libertad para correr por los montes de Barlovento.

Lo cierto es que su recuerdo quedó grabado en la memoria colectiva de Guarenas, convertido en símbolo de una época y en un refrán que todavía hoy resuena con picardía: «eres más enamorado que el mono de Chaco».

Protejamos a los animales, promoviendo su bienestar y libertad.
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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

