En una noche espesa y en lo profundo de la montaña, dos hombres avanzaban con el corazón encogido. Envueltos en un silencio total, el miedo los acompañaba como una sombra: miedo a ser descubiertos, miedo a no ver nunca más el amanecer. La incertidumbre los envolvía como un manto oscuro y cada crujido del bosque era un recordatorio de que la muerte los acechaba. Ellos no podían imaginar que aquella noche daría inicio a la tradición del olivo de Guarenas.

Corría el año 1903, en plena Revolución Libertadora. Venezuela ardía en una guerra civil contra el gobierno de Cipriano Castro. Un grupo de valientes guareneros cruzó la montaña para unirse a otros insurgentes.

En la costa se enfrentaron a las tropas del régimen, y la tragedia fue inmediata: la mayoría cayó en combate, salvo dos sobrevivientes: Leoncio Campos y Jesús María Aponte, quienes lograron escapar y regresar por la montaña a Guarenas, llevando consigo la memoria de sus compañeros caídos y el temor de ser alcanzados por el enemigo.

Al anochecer, ya exhaustos, se detuvieron en lo profundo de la montaña. Permanecieron en vigilia, pero el cansancio los venció, quedándose dormidos bajo ramas que apenas distinguían en la penumbra.

La luz temprana del amanecer trajo la revelación: se habían dormido bajo un olivo. Ese árbol, silencioso y firme, había sido su refugio en la noche más oscura y temida. Entre lágrimas se arrodillaron, rezaron y cortaron un gajo, convencidos de que aquel árbol había sido instrumento divino de su salvación.


Con la rama en sus manos y aún temblorosos, descendieron de la montaña y llegaron a Guarenas, dirigiéndose de inmediato a la Iglesia de Nuestra Señora de Copacabana. Allí, con desesperación, golpearon tres veces la puerta del templo, buscando refugio en sus muros y redención en la fe. El presbítero Bernardo Millán los recibió, les impartió el sacramento de la reconciliación y les ofreció palabras de consuelo.


Esa mañana, Leoncio y Jesús María entregaron al presbítero el gajo del olivo como ofrenda e hicieron una promesa: volver cada año a la montaña, rendir tributo al árbol que los refugió y llevar a la iglesia un nuevo gajo como memoria viva del milagro que los salvó.

Así, en medio de una Venezuela desgarrada por la guerra civil, nació una tradición. Una promesa que se convirtió en ceremonia, un gesto que se volvió legado. Con el paso de los años, nuevas generaciones añadieron a la costumbre el sabor del guaco y la sencillez de la ensalada de sardinas, como signos de memoria compartida y unión familiar.
Desde 1903, cada Viernes de Concilio, los hijos de Guarenas recorren aquel mismo camino: buscan el olivo, encienden una vela y rezan frente a él; cortan una rama y la llevan al pueblo para presentarla ante la imagen de Jesús en el Huerto, para luego dirigirse a la Catedral, donde tocan tres veces la puerta para que el párroco la abra y reciba el olivo.


La puerta del templo vuelve a estremecerse cada año con esos tres golpes que resuenan como símbolo de la Santísima Trinidad, y también como eco de aquellos dos hombres que, en medio de la desesperanza, buscaron refugio y consuelo en la casa de Dios.
Los guareneros repiten ese gesto con la certeza de que, al abrirse esa puerta, se abre también la promesa de protección y redención para un pueblo que espera ser abrazado por la gracia de Dios. Un pueblo que, al igual que Jesús en el huerto de Getsemaní, siente angustia y desconsuelo, y logra reafirmar su fe bajo la protección del olivo.

Más de un siglo después, la tradición continúa. El corte del olivo en Guarenas es herencia, un puente entre el pasado y el presente, una historia que comenzó con miedo y terminó en gratitud. Una promesa que se convirtió en legado.
Cada vez que las ramas del olivo se alzan en la procesión de Jesús en el Huerto, Guarenas reafirma que la fe puede vencer al miedo, que siempre habrá un refugio y siempre habrá esperanza.

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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

