El primer helado vendido en Guarenas. A finales de octubre de 1951, Guarenas se preparaba y se vestía de fiesta, transformándose en un lienzo de celebración. Las calles comenzaban a engalanarse con cintas y flores, los hogares se ordenaban con esmero, y las casas de costura trabajaban sin descanso, confeccionando los atuendos que habrían de lucir los pueblerinos durante la Solemnidad de Nuestra Señora de Copacabana.
Todo parecía girar en torno a la Patrona, como si ningún otro acontecimiento pudiera desviar la atención de aquel júbilo colectivo. Sin embargo, la vida del pueblo, siempre dispuesta a sorprender, preparaba un giro inesperado.

En la Esquina de La Calzada del Pueblo Arriba, Pedro Abelardo García abría su nueva aventura comercial: Bodega La Más Bella. Panes recién horneados, pastas, granos, frutas y hortalizas llenaban los estantes, así como deliciosos jugos de naranja y parchita.

Pero lo que marcaría la diferencia llegó un lunes de aquel octubre de 1951, cuando Pedro Abelardo y su hijo Luis Narciso regresaron de Caracas con un tesoro moderno para su nueva bodega: una nevera de la marca Kelvinator.
Aquel artefacto metálico y ruidoso prometía conservar lo perecedero y ofrecer algo que hasta entonces parecía impensable en Guarenas: jugos fríos. El pueblo se maravillaba, pero aún no sabía que lo mejor estaba por venir.

El viernes siguiente por la tarde, mientras los niños salían de las escuelas federales graduadas, Ambrosio Plaza y Carabobo, una noticia corría de boca en boca: en la Bodega La Más Bella se vendería algo nunca visto.

Con locha en mano y risas desbordadas, los pequeños corrieron hacia la Esquina de la Calzada de las calles José Félix Ribas y Régulo Fránquiz, formando una fila que parecía interminable.

Y entonces ocurrió: El primer helado se vendió en Guarenas. Cubos de naranja, parchita o leche, endulzados con papelón, emergían de gaveras metálicas como joyas congeladas. Los niños los recibían con asombro, palpando el frío, probando por primera vez aquella dulzura que se derretía en la boca como un milagro.
Aunque el hielo ya se fabricaba en Venezuela desde finales del siglo XIX, y algunas ciudades ya habían probado el helado, fue en octubre de 1951 cuando Guarenas vivió la emoción de su propio descubrimiento. Aquel día, el pueblo supo que la fruta podía transformarse en alegría helada.

Pero la revelación no terminó allí, pues aquel primer helado vendido en Guarenas iba a dejar una lección de asombro en la memoria del pueblo.
Pedro Abelardo apartó algunos cubitos helados para su familia. Al final de la tarde, su hijo Pedro José los llevó a su casa en una olla con tapa.

En el camino y frente a la Plaza Bolívar, encontró a su hermana menor, Josefa Antonia de 7 años, quien conversaba con su amiga Gisela Eulogia de 9 años. Entre cuentos y risas, Josefa demoró su regreso, imaginando con ilusión cómo sería probar por primera vez un helado, que además había sido preparado por su padre.

Al llegar a casa, corrió al comedor y abrió la olla, pero para su sorpresa solo encontró líquido tibio en el fondo. El helado se había derretido, vencido por el tiempo y el calor. Josefa, incrédula, comprendió en ese instante que aquel manjar no solo era frío, sino también efímero como la vida misma. Su sorpresa se convirtió en risa, y la anécdota quedó grabada como un chiste fresco y entrañable.

Así, en aquella Guarenas de 1951, lo extraordinario se presentó en forma de sencillez: un cubo de helado que se grabó en la memoria colectiva y se hizo parte de lo cotidiano.

Para los niños, fue la primera experiencia de un sabor que parecía mágico. Para Josefa, la revelación de que la alegría podía derretirse, pero nunca olvidarse, dejando en ella una huella de inocencia y descubrimiento.

Y para el pueblo, fue la certeza de que incluso lo más simple puede convertirse en legado. Porque aquel primer helado que se vendió en Guarenas no fue solo un postre, fue un instante de asombro que se convirtió en historia.

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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

