El Primer Cementerio de Guarenas: Nuestra Señora de Copacabana de las Guarenas, al igual que muchos pueblos de la Provincia de Venezuela, fue fundado acatando la real cédula emitida el 23 de febrero de 1619 por el Rey Felipe III de España, en la cual ordenaba a las misiones religiosas eliminar el esquema de indígenas bajo la tutela y explotación de los encomenderos, para reunirlos en pueblos de doctrina, sustentados por la actividad agropecuaria, con una intención evangelizadora y de alfabetización.
Se emitía además un mandato para los encomenderos: dotar al pueblo con iglesia, plaza, casas y cementerio, junto a todos los ornamentos necesarios.
En relación a este aspecto urbanístico de la fundación del pueblo, siempre surge la misma pregunta: ¿Dónde estuvo ubicado el primer cementerio de Guarenas?
Hoy en día identificamos dos camposantos, que fueron respuesta al crecimiento poblacional: el Cementerio Municipal de las Clavellinas, ubicado en el sector homónimo y el cementerio ubicado en los predios de la antigua Hacienda el Cercado, al oeste de Guarenas.
Pero hubo un cementerio más antiguo, uno que albergó innumerables historias de dolor, un espacio ubicado en la parte alta del pueblo, un camposanto que en 1918 recibió centenares de cuerpos, víctimas de la terrible epidemia de gripe española que azotó a Guarenas: el cementerio del Calvario, el cual estuvo ubicado en el actual emplazamiento de la Escuela Martín Vera Guerra.

Ese cementerio se levantó también como consecuencia del crecimiento de la población de aquella Guarenas. Sin embargo, la verdad es que hubo otro camposanto, uno aún más antiguo, más antiguo que el pequeño cementerio situado detrás de la Iglesia de la Candelaria, más antiguo que el que existió en el Cerro Colorado. Enrtonces… ¿Dónde estuvo realmente el primer cementerio de Guarenas?
En febrero de 1956, una cuadrilla del Concejo Municipal del Distrito Plaza, realizaba un trabajo en la calle Régulo Fránquiz, justo en el lateral norte de la Iglesia de Nuestra Señora de Copacabana, hoy Catedral.

Ahí, en plena calle y junto a la acera, rompieron el granzón y abrieron un hoyo de un metro de profundidad, buscando un acueducto en mal estado. Pero lo que encontraron no fue agua, sino algo que les heló la sangre: una osamenta humana. Con el corazón latiéndoles a toda prisa y el miedo reflejado en sus rostros, procedieron a llamar a las autoridades, no sin antes persignarse repetidas veces.

Muchos guareneros se acercaron para presenciar la extracción de estos huesos. Ahí, entre el asombro y la curiosidad surgió entre los presentes un comentario: «Todo esto era un cementerio, desde la plaza hasta el corralón». Ellos, en su sabiduría popular, tenían razón.

La evidencia histórica se encuentra en el libro o diario personal del Obispo Mariano Martí, quien realizó su visita pastoral a Guarenas en marzo de 1784, escribiendo lo siguiente: «Hay cementerio separado de la Iglesia la anchura de una calle, a la banda del Evangelio».

Al mirar hacia el altar mayor, la banda del Evangelio correspondía a la nave izquierda del templo. Antes del Concilio Vaticano II, en la Misa Tridentina se proclamaba allí la Palabra de Dios, siempre desde el lado norte, como signo de misión hacia los pueblos que aún no conocían la fe.

En contraste, la nave derecha era conocida como la banda de la Epístola, lugar destinado a la lectura de las cartas apostólicas dirigidas a las primeras comunidades cristianas.

El Obispo Mariano Martí dejó constancia de que el cementerio de la Guarenas de 1784 estaba ubicado del lado izquierdo de la iglesia, con una calle de por medio, es decir, hacia el norte, hacia la montaña.

Ese primer cementerio de Guarenas estaba destinado para los españoles y blancos criollos. Los indígenas tenían sus tierras asignadas fuera del pueblo para la sepultura de sus difuntos, mientras que los esclavos eran sepultados en los cementerios destinados para ellos en las haciendas de sus encomenderos.

El antiguo cementerio de Guarenas desapareció bajo las casas coloniales, pero su memoria persiste. Quizás, bajo ese suelo cotidiano que hoy pisamos, aún reposen silenciosamente personas que fueron parte de la vida del pueblo, recordándonos que la ciudad se levanta sobre la memoria silenciosa de quienes la habitaron.


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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

