En la carta que Pedro Felipe de Ibarra dirigió al Gobernador y Capitán General de Venezuela, José Solano y Bote, en 1768, se enumeraban con precisión muchos de los ríos y quebradas de la Jurisdicción del Valle de Guarenas: Caucaguita, Izcaragua, La Guairita, Guarenas y Caucagua. Esos ríos aparecían nombrados como testigos de aquel paisaje colonial. Sin embargo, un silencio extraño se imponía: Guacarapa no figuraba como río ni como lugar. Esa ausencia, más que un vacío, era una invitación al misterio.
La pregunta surge inevitable: ¿qué significa Guacarapa?
Guacarapa es, sin duda, una voz indígena. Su raíz se enlaza con las lenguas de las etnias Guarenas, Mariches y Chagaragotos, emparentadas con el Chaima y el Cumanagoto. Así lo dejó asentado en 1680 el capuchino y lingüista Fray Francisco de Tauste, quien recorrió más de cien leguas (669 km) de costa venezolana y comprobó que aquellos pueblos podían entenderse entre sí, compartiendo un idioma que se extendía desde Cumaná hasta Valencia.
La palabra Guacarapa, como tantas otras en esa macro lengua caribe, es aglutinante, es decir, es una suma de fragmentos que, unidos, forman una idea compleja.
El prefijo guaca- (o waca-) evoca lo sagrado, lo protegido y lo oculto. Puede ser un sepulcro, un escondite de tesoros espirituales o un sitio de resguardo.
Sin embargo, el término guaca lo encontramos en la región andina, ligado a los pueblos quechua para nombrar sepulturas y tesoros. Por lo tanto, su presencia en Venezuela quizás no responde a un origen local, sino a la circulación léxica colonial que le dieron los cronistas y misioneros, lo que llevó esta voz más allá de sus raíces andinas.
Si lo leemos simplemente como gua-, grafía que en documentos coloniales también aparece como wa-, descubrimos que se vinculaba con nociones de lugar y río, con un sitio amplio, de alto relieve y cercano al agua. De hecho, en la toponimia venezolana encontramos el prefijo gua- en nombres de pueblos, ríos o lugares asociados a la presencia del agua.
Por su parte, el sufijo -rapa añade la noción de grandeza, abundancia o extensión. Pero si lo leemos solo como -apa, se asocia directamente con la corriente de agua. También existe la palabra carapa, tal como se le conocía al árbol andiroba o falsa caoba. Sin embargo, es poco probable que esa palabra fuese usada por las etnias de la zona costera de la Provincia de Venezuela, ya que este árbol se encuentra en los bosques húmedos amazónicos y guayaneses.

Guacarapa dialoga con otros nombres que evocan agua y sacralidad. Uno de ellos es Guacarapo, en el Municipio Ribero del Estado Sucre, bañado por las aguas del Golfo de Cariaco y por una laguna rodeada de manglares, a la cual la etnia Chaima llamaba precisamente guacarapo. También está la ciudad de Guacara, en el Estado Carabobo, atravesada por el río que le da nombre. Algunos lingüistas señalan que los Taramainas llamaban a ese río guacara para significar «sitio de la gran agua» o «garzas de las aguas». Y en la isla de Trinidad, encontramos el río Guaracara, que desemboca en el Golfo de Paria, donde los Arahuacos(o Arawak) reconocían en sus aguas el valor de lo sagrado, llamándolo guaracara.
Guacarapa es un canto ancestral de profunda significación espiritual y mágica. Es ese lugar sagrado de resguardo, donde fluye el agua, donde nace el manantial, donde se abre la quebrada. Es un nombre que conjuga lo espiritual y lo natural, un espacio donde la memoria indígena reconocía la fuerza vital del agua como don divino y protector.
Guacarapa es el «lugar sagrado del manantial».
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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

