En aquella Guarenas de antaño, cuando el año viejo estaba por despedirse, el pueblo se transformaba en un escenario de memorias vivas. El aire se llenaba de festejo, de abrazos que se preparaban, y de miradas que buscaban en el cielo aquella chispa que anunciaba al nuevo año: El Cañonazo de Petrón

Y entonces, justo a la medianoche, resonaba el cañonazo.

Ese estruendo no era solo pólvora, era la voz de un pueblo que se reconocía en su historia. Era la risa de los niños corriendo tras las bengalas, era la complicidad de los vecinos que se reunían en la calle para celebrar el año nuevo, era la certeza de que sembrar alegría podía ser un oficio. Sí, un oficio, porque detrás de cada chispa estaba Petrón, el mandadero que convirtió las calles de Guarenas en escenario y la pólvora en poesía.
Eusebio Antonio Gil no era un artificiero cualquiera, era el alma de las fiestas callejeras, el hombre que transformaba la pólvora en alegría, que convertía la rutina en celebración. Con sus bengalas y cohetes, Petrón regalaba al pueblo algo más que espectáculo: le daba identidad, le daba memoria.
Los niños seguían a Petrón como si fuera un mago, los vecinos lo esperaban como si fuera un profeta de la alegría. Su ingenio callejero, su malicia jocosa, su manera de enamorarse del pueblo, hizo de él más que un personaje: lo volvieron un símbolo.
Con cada piñata en las fiestas de La Candelaria, con cada quema de Judas, con cada fiesta patronal, con cada talanquera en la calle Real, Petrón sembraba diversión en forma de luz.

Dicen que cuando Petrón partió, se llevó consigo el cañonazo. Pero quienes cierran los ojos en año nuevo aún lo escuchan, como un eco que no se apaga, un estallido que viene del cielo, como si Petrón siguiera encendiendo su festín de alegría allá arriba.
Y aunque Petrón se fue, otros siguieron sus pasos, encendiendo el cielo con fuegos artificiales, manteniendo viva la costumbre de alegrar al pueblo con destellos de color.

Hoy las costumbres han cambiado, y comprendemos la necesidad de proteger a nuestros niños y mascotas de los estruendos que alguna vez fueron símbolo de fiesta.
El Cañonazo de Petrón permanecerá como parte de la memoria histórica de Guarenas, un recuerdo que no se desvanece y que sigue iluminando, desde la evocación, el espíritu de un pueblo que celebra su identidad y que sabe que cada cañonazo es la promesa de un nuevo amanecer.

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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

