Guarenas es un pueblo que vive aferrado a sus tradiciones y a la fuerza de su fe. Como parte de esa certeza, la imagen del Nazareno de Guarenas ha sido venerada durante un siglo y medio. Su paso procesional congrega, cada Miércoles Santo, una multitud de feligreses que buscan en su mirada consuelo y redención, gracias a un un pacto convertido en devoción.
Pero la imagen del Nazareno de Guarenas no siempre transitó en procesión por las calles de Guarenas. Su historia de devoción y paso procesional comenzó con una frase sencilla, una encomienda que nunca se cerró.
A finales del siglo XIX, el doctor Ramón Blanco, obligado a viajar a España por motivos de salud, le pidió ayuda a su amigo y compadre Francisco González Arocha, quien de forma generosa costeó el pasaje.
Entonces, Ramón pronunció unas palabras que definirían una tradición y marcarían la fe de Guarenas: «Pancho, te encomiendo al Santo y, si no regreso, es tuyo».
Fue un encargo íntimo, una frase lanzada como un pacto abierto, que se convirtió en profecía, porque Ramón nunca volvió a Guarenas.
Resignado que su amigo no volvería a Guarenas, Pancho trasladó la imagen del Nazareno a su casa, dando así inicio a una devoción que atravesaría generaciones, gracias a un acuerdo entre compadres.
Francisco asumió el cuidado de la imagen con entrega absoluta. En su hacienda, destinaba un tablón de caña dulce, cuya producción sufragaba los gastos de la imagen y su procesión. De esta manera, la fe se sostenía con el trabajo diario y la tierra fértil guarenera se convertía en ofrenda.
Al fallecer Francisco, en abril de 1904, su hijo Pedro Ramón González Bello tomó el relevo, fundando la Sociedad del Nazareno de Guarenas ese mismo año. Durante medio siglo, Perucho cuidó cada objeto sagrado de la imagen y se dedicó con fervor a sus preparativos en cada Semana Santa.
Aquel gesto íntimo entre dos amigos, se transformó en el origen de una tradición que no solo sobrevivió, sino que se multiplicó. Un acto de amistad que se convirtió en patrimonio espiritual de todo un pueblo.
Pero también, esta imagen representa un legado sucesoral; es la custodia de un símbolo de fe cuyo peso recae sobre cada descendiente. Prueba de ello es que, tras la muerte de Perucho en septiembre de 1954, su hijo Alí González Cabrera asumió la guía del paso. De nuevo, por casi cinco décadas, Alí fue el referente de la imagen del Nazareno de Guarenas, hasta su fallecimiento en marzo de 2000. Entonces, sus hermanos, así como sus hijos y, con especial entrega, Milagros González, recogieron la antorcha y continuaron con este legado de devoción. De esta manera, la tradición no se quebró, sino que se transmitió como un fuego sagrado que nunca se apaga.
En la Semana Santa de 2024, cuando la Sociedad del Nazareno de Guarenas cumplió 120 años, la procesión comenzó a recorrer calles distintas. Además, la imagen centenaria continuará reuniéndose con las imágenes de otros sectores de Guarenas, para recibir bendiciones en la Santa Misa. Estos cambios no son un capricho, sino la prueba de que la tradición por la imagen del Nazareno de Guarenas sigue viva y es capaz de renovarse sin perder su raíz. Es la memoria de un acuerdo fraterno, un gesto entre amigos que dio origen a una tradición revestida de fe, y es también el peso y la gracia de un legado que se transmite de padres a hijos.
En cada paso de la procesión, la imagen del Nazareno de Guarenas es un recordatorio de que la devoción se sostiene en el trabajo, en la herencia, y en la certeza de que lo que comenzó como un pacto entre dos hombres se convirtió en la esperanza de un pueblo: un pacto convertido en devoción.
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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

