Miguel Parra y la Viejita de Guarenas

En un rincón de Chacao, cuando el siglo XX apenas comenzaba a desperezarse, nacía un niño cuya llegada alteraría el curso de lo previsible. Aquel 29 de septiembre de 1905, fue un día cualquiera, o quizás no.

Se decía que aquel niño traía consigo una chispa, una grieta en el tiempo, una semilla de algo que no cabía en los moldes de lo común. Para bien o para mal, algo habría de cambiar.

Miguelito, como lo llamaban, fue un niño de ocurrencias, de respuestas que descolocaban a sabios y de anécdotas que parecían sacadas de un teatro invisible.

A sus doce años encontró un interés que se volvió complicidad y la vida para él empezó a sonar distinto, escuchando y hablando un idioma secreto.

Miguelito se convirtió en el señor Miguel. Todos lo miraban con esa mezcla de respeto y desconcierto que solo se reserva a los que parecen vivir entre dos mundos.

Un día gris de 1935, bajo un aguacero, Miguel y su esposa Paula llegaron a Guarenas. Tocorón los recibió sin ceremonia, sin promesas ni augurios de fortuna. Solo la certeza de un medio en el bolsillo y un camión papelonero que se alejaba. Dicen que del cielo a veces no cae agua, sino promesas. Pero aquel día, Guarenas se empapó de ambos.

Durante el día, Miguel cortaba cabello y apaciguaba a bravucones en su barbería El Buche de Agua. Al caer la tarde, tocaba joropos y merengues en la calle. Sí, su idioma secreto era la música y su cómplice un cuatro que parecía tener vida propia. Su resonador, hecho por él, era el eco de una picardía que no se dejaba domesticar.

Miguel Parra, cultor de Guarenas, creador de la manifestación popular "La Viejita de Guarenas. Fotografía del año 1980.
Miguel Parra, cultor de Guarenas, creador de la manifestación popular «La Viejita de Guarenas. Año 1980.

Pero algo más lo rondaba, algo que los guareneros no podrían haber imaginado. No sería la música lo que lo haría trascender.

En la calle Vargas, una señora danzante lo visitaba en sueños: enérgica y traviesa, lo cargaba a cuestas y lo paseaba por la Plaza Bolívar al compás de un sabroso merengue, mientras el pueblo reía y aplaudía. Ese sueño insistente se convirtió en revelación: aquella señora debía nacer, y juntos alegrar las calles de Guarenas.

Así, dio vida a una figura festiva que nació de telas, humor y sueños. La Viejita de Guarenas se volvió alma del pueblo y símbolo de una alegría que no pide permiso.

Miguel Parra (†) - La Viejita de Guarenas
Miguel Parra (†) – La Viejita de Guarenas

Al partir Miguel en 1981, nos dejó una maleta llena de cultura y regocijo, y la viejita no se detuvo. Otros han tomado el lugar de Miguel, heredando la danza, el humor y el compromiso de mantener viva esta manifestación cultural.

La Viejita de Guarenas baila cuando el pueblo la llama. No tiene edad ni nombre, solo memoria viva y cariño popular. En cada paso que ella da, Miguel Parra, el hombre que soñó, vuelve a recorrer las calles, porque no solo creó una tradición, se convirtió en ella.

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