En la Llanada de Guarenas, bajo la mirada serena de la Virgen de la Candelaria, reposa una obra que no debería estar ahí, y sin embargo, en esos espacios encontró su historia: Los Amorcillos de Guarenas.
Es la Fuente de los Amorcillos, una pieza francesa del siglo XIX y la primera nacida del molde de Emile Antoine Durenne, el escultor parisino que supo convertir al hierro en un arte de belleza perdurable.

Mientras Durenne realizaba un segundo ejemplar para la ciudad de Clermont‑Ferrand, la primera ya cruzaba el océano rumbo a la capital venezolana. Esta escultura formaba parte de los ornamentos urbanos que el gobierno venezolano adquirió en Francia a inicios de la década de 1880, cuando el presidente conocido como el Ilustre Americano transformaba la ciudad con aire parisino.

Pero el conjunto escultórico no logró despertar afecto en la Caracas que emergía. Su figura incomprendida fue objeto del desinterés y la indiferencia, quedando apartada sin un destino claro, hasta que fue obsequiada a la Casa de Gobierno de Guarenas.
Pero antes de llegar a La Llanada, ocupó otro lugar: adornaba la zona este de la antigua Plaza Mayor. Los guareneros del Pueblo Arriba apenas le prestaban atención. Al igual que los caraqueños, no entendían su estética ni su valor artístico.

Años después, cuando Guarenas adoptó el modelo capitalino y levantó su Plaza Bolívar, los vecinos del Pueblo Arriba insistieron en retirar la fuente. Sentían que, en un espacio consagrado al Padre de la Patria, ninguna otra presencia debía competir con la del Libertador.

A mediados de los años cuarenta, encontró su verdadero hogar, justo en la Plaza de la Candelaria. Los amorcillos volvieron a levantar su jarrón y el agua brotó nuevamente de los bozales de león. Desde entonces, se convirtió en un símbolo de la Llanada, apreciada por sus vecinos, testigo de procesiones, tertulias, fiestas y piñatas.

La Fuente de los Amorcillos es una joya patrimonial de valor incalculable. En esta obra vemos el viaje improbable de una escultura concebida para Francia y que, contra todo pronóstico, terminó convirtiéndose en símbolo de Guarenas.

Es una pieza que merece ser protegida y valorada desde un profundo sentido de pertenencia. Quizás algún día los amorcillos vuelvan a traer las aguas y la fuente recupere el esplendor que nunca debió perder.
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Administrador del sitio web campanariourbano.com y sus redes sociales, experto en sistemas informáticos, apasionado numismático y filatelista, amante del vino, investigador de la historia de Guarenas y escritor de relatos históricos.

