Botica Copacabana

En este momento, en el cual el tema sobre la mesa es la salud y la pandemia mundial, cuando de nuevo se mezclan la medicina moderna y la medicina alternativa en búsqueda de una cura para el COVID-19, se viene a mi mente cuando mi madre me mandaba a la Botica Copacabana por algún preparado que el Dr. Francisco Rafael García le recetaba.

En tiempos remotos se usaba el “ruibarbo” para tratar el estreñimiento y la inflamación; o se empleaba el “opio” como analgésico y calmante. Se hacían peligrosas infusiones de “acónito” para aliviar dolores. Fueron épocas del “jengibre” para calmar las náuseas y cólicos intestinales; tiempos aquellos en los que se usaba la “belladona” para apaciguar úlceras e inflamaciones.

Pero ya hace más de cinco siglos que nació la ciencia moderna, y hace más de dos siglos que surgió la química moderna, con lo cual se inventaron nuevas formas farmacéuticas.

En Venezuela existía desde finales del siglo XVIII el Protomedicato, el cual concedía las licencias para el ejercicio de la medicina. En 1827 es sustituido por la Facultad Médica de Venezuela, la cual revalidaba y otorgaba títulos a los boticarios graduados en Europa. Así mismo, se encargaba de inspeccionar las boticas y regía todos los aspectos de la práctica farmacéutica.

Ya para 1894 se promulga la Ley de Farmacia y se instala la Facultad de Farmacia en la Universidad Central de Venezuela. Así que hasta principios del siglo XX la botica era el principal laboratorio donde se preparaban los fármacos, y asimismo el lugar donde se vendían. Pero con el auge de la industria farmacéutica, la botica fue paulatinamente disminuyendo su actividad de preparación de medicinas. Ahora la reconocemos como farmacia, dedicándose principalmente a la conservación y venta de medicamentos.

Interior de la Botica Copacabana, en el número 21 de la calle Comercio de Guarenas, año 1916. Atendida por el señor Inés Antonio García Monascal.
Interior de la Botica Copacabana, en el número 21 de la calle Comercio de Guarenas, año 1916, atendida por el señor Inés Antonio García Monascal.

Nuestra Guarenas de antaño también tuvo su botica en el número 21 de la calle Comercio, dotada de los compuestos químicos y naturales necesarios para preparar los medicamentos que la población requería. En décadas posteriores, trasladaría su sede hacia las inmediaciones de la Plaza La Paz, popularmente conocida como Plaza de los Flojos.

La Botica Copacabana albergó agradables tertulias de los guareneros, algunas impregnadas quizás de ciertos temas más o menos científicos. Como me habría gustado presenciar en esta botica las visitas y conversaciones del Dr. Francisco Rafael García.

En la fotografía principal vemos la Botica Copacabana en el año 1916. Al lado se aprecia parcialmente Tienda La Mina. La otra fotografía muestra el interior de la Botica Copacabana, siendo atendida por el señor Inés Antonio García Monascal, hermano de nuestra recordada “Mimina” García. Vemos una estantería amable repleta de botellas medicinales, un auténtico laboratorio químico para la época. Cuántas fórmulas magistrales se habrán preparado en esta botica con las esencias químicas y naturales que estaban en esas gavetas.