En una noche espesa y en lo profundo de la montaña, dos hombres avanzaban con el corazón encogido. Envueltos en un silencio total, el miedo los acompañaba como una sombra: miedo a ser descubiertos, miedo a no ver nunca más el amanecer. La incertidumbre los envolvía como un manto oscuro y cada crujido del bosque era un recordatorio de que la muerte los acechaba. Ellos no podían imaginar que aquella noche daría inicio a la tradición del olivo de Guarenas.
Continuar leyendo «El Olivo de Guarenas»La Colmena de Guarenas
En el Pueblo Arriba de Guarenas hubo un lugar que no aparecía en mapas ni en crónicas oficiales, pero que todos conocían: La Colmena de Guarenas. Un rincón discreto, casi invisible, donde el aire parecía distinto, más denso, más dulce.
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Alameda Plaza
Guarenas, a inicios del siglo XX, era un pueblo apacible, donde la vida parecía transcurrir al compás de las norias de trapiche y el murmullo del viento entre los almendrones. Desde La Llanada, los pobladores alzaban la mirada hacia el Pueblo Arriba, contemplando la cuesta empinada que los separaba, como si aquella subida fuese también un viaje hacia lo desconocido: La Alameda Plaza.
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La ceiba de Guarenas
En su andar hacia Curupao, los guareneros se internaban por los senderos que conducían a Bordecequia. Antes de cruzar las Adjuntas, donde los ríos se encuentran con ímpetu, el caminante percibía un aire solemne, una presencia majestuosa que, desde lo alto, reclamaba una mirada e invitaba a detenerse bajo una sombra que provenía de otros tiempos, como si fuera un refugio invisible, la ceiba de Guarenas.
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La esquina del mono de Guarenas
La Guarenas de antaño despertaba con un encanto irrepetible: el canto del gallo, el aroma del café recién colado y el murmullo de las calles, aún somnolientas, tejía un escenario de sencillez y plenitud. Cada esquina era un refugio de historias y cada paso un encuentro con la memoria viva del pueblo. Y había una especial, la esquina del mono de Guarenas.
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Carnavales y Arte en Guarenas
En febrero de 1963, las calles de Guarenas se llenaron de un murmullo distinto, en donde reinaba un aire de expectativa. El pueblo entero se preparaba para un acontecimiento que no solo sería celebración, sino también arte, memoria y emoción compartida. Todos supieron convertir su imaginación en carnavales y arte en Guarenas.
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Fundación de Guarenas
EL VALLE ORIGINARIO: UN ESCENARIO PARA GUARENAS.
Imagina un valle cubierto por un herbazal, atravesado por ríos que bajan de las montañas y se entrelazan para dar frescura y fertilidad. Allí, donde el viento constante que sopla del este acaricia las ramas de la imponente cumaca, y también las del totumo, el jabillo, el dividivi, el mamón, el cotoperís y el guamacho. Un suelo habitado por el mato, el curache, el huariché, la macuracura, la yrapa, el arahuata, el chauiry y el pororó. Una tierra pródiga en frutos como la guayaba, la guanábana, el semeruco, la patilla y la papaya. Pero, por encima de todo, un lugar habitado por nuestro pueblo originario, el sitio donde ocurrió la fundación de Guarenas.
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Guarenas y el origen de su nombre
Un valle se abría como un tapiz infinito de hierbas, surcado por ríos que descendían desde las montañas y se unían para dar frescura y fertilidad. Era un lugar donde soplaba un viento perpetuo proveniente del oriente, que acariciaba con dulzura las ramas de la majestuosa cumaca y también las del totumo. En el corazón de aquella tierra fértil se gestó un destino que uniría fe, poder y memoria indígena, y comenzó a resonar un nombre que pronto se inscribiría en los documentos coloniales: Guarenas y el origen de su nombre.
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El primer helado vendido en Guarenas
El primer helado vendido en Guarenas. A finales de octubre de 1951, Guarenas se preparaba y se vestía de fiesta, transformándose en un lienzo de celebración. Las calles comenzaban a engalanarse con cintas y flores, los hogares se ordenaban con esmero, y las casas de costura trabajaban sin descanso, confeccionando los atuendos que habrían de lucir los pueblerinos durante la Solemnidad de Nuestra Señora de Copacabana.
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El Cañonazo de Petrón
En aquella Guarenas de antaño, cuando el año viejo estaba por despedirse, el pueblo se transformaba en un escenario de memorias vivas. El aire se llenaba de festejo, de abrazos que se preparaban, y de miradas que buscaban en el cielo aquella chispa que anunciaba al nuevo año: El Cañonazo de Petrón
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